Vanildo Zacarías de Acevedo.
Nildo, simplemente.
Papá.
Yo vine a Sevilla para saber por qué mi padre tenía esta nota en la mano.
Quién era Roberta Luna, qué tenía que ver con él.
Teresa, está aquí la guardia civil.
Quieren hablar contigo.
¿No me negará que usted coincide demasiado con este retrato?
Soy Nildo.
Nos conocimos en la embajada de Lisboa.
He estado con Teresa.
Ella empieza a confiar en mí.
"Querida Teresa, me voy a Madrid por un trabajo, pero estoy seguro de que te volveré a ver pronto".
Toma.
Tu correspondencia.
Te han devuelto todas las cartas que le estás mandado a tu amigo, el portugués.
Ese juicio cada día peor.
¿Fueron mal las cosas en casa en semana santa?
Mi padre no fue capaz ni de mirarme a la cara.
"Cancelado acuerdo de negocios entre embajador de España y Portugal y José Francisco Luna".
El padre de Roberta.
Mayo de 1920.
3 meses antes del asesinato.
Don José Francisco compró un montón de tierra.
Y contrató muchos jornaleros.
Si mi padre le hizo perder mucho dinero al de Roberta, no sé, quizás pudo ser un ajuste de cuentas.
Pero ¿y por qué el nombre de Roberta en la nota y no el de su padre?
Arcadio se ha marchado de Sevilla.
Yo misma le pedí que se fuera.
Y no le permití que se despidiera de ti.
Algún día entenderás que es lo mejor que podía pasar.
Sé que usted cree que él no fue bueno conmigo, pero al menos, por una vez, alguien se fijó en mí.
¿Te acuerdas de la chica que te dije que me gustaba?
Porque sigue estando ahí.
Margarita, soy yo.
Solo lo sabe Candela.
Bueno, y Roberta.
Y doña Manuela.
Tu prometido.
Vamos a casarnos porque lo quieres nuestros padres.
Tú no quieres hacerlo, muy bien.
Adelante, díselo a los tuyos ya.
No te atreves a enfrentarte a ellos, ¿verdad?
No malgastes el tiempo alejada de ella mientras puedas tenerla.
Es tu madre.
No es ni de lejos perfecta, pero nadie lo es.
Ni tú, aunque yo crea que sí.
Anda.
Pregúntame.
¿Cenamos en casa tú y yo?
Pero déjame que te avise yo.
Mi familia es lo que más quiero en el mundo.
Pero Manuela, lo que pasó me hizo tan feliz.
Macarena me ha dicho que David se ha llevado a los niños.
Es el precio que he tenido que pagar.
Haz lo que haga falta pa' recuperarle.
He pensado que quizás podamos volver a casa.
Solamente hay una condición, que no veas a esa mujer jamás.
De hacerlo, nos perderás para siempre.
[grillos] [Teresa] ¿Cómo se nos ha podido pasar esto?
Pues, porque igual no es importante.
No sé.
Igual, eh.
Eh.
El embajador viajará a Sevilla en septiembre.
-Bueno, ¿y?
-Bueno, que mi padre pensaba venir a Sevilla después de la fiesta en la embajada.
-Otra vez, ¿y?
Pues, que no sé para qué querría venir.
-Pues, yo qué sé.
-Pues, yo tampoco lo sé.
Tendremos que buscar.
A ver, Tere.
A ver.
Vamos a pensar un poquito más con la cabeza y menos con el nervio.
Tu padre vendría de negocio, como lo hace la gente importante.
Bien.
¿Y con quién?
Porque con el padre de Roberta ya no tenía nada.
Pues, vendría de turismo.
En serio, lo que tienes que hacer es relajarte.
Ay, no me hables con ese tono paternalista.
Estás agota'.
No duermes bien.
Yo no duermo bien.
Con este calor, no deben dormir ni los peces.
Tienes que parar o vas a caer enferma con tanta investigación.
[se queja] [suena música alegre] [suena música dramática] Flavia.
Abre la ventana, por favor, que nos vamos a asar.
[grillos] Qué calor.
Insoportable.
Si te vas a quedar a dormir, que nos den antes la extremaunción.
[ríe] Solo voy a refrescarte un poco.
Cuando te duermas, me voy.
Gracias.
[sopla] Cuando acabe el curso, vamos a coger el furgón de la academia prestao' y te voy a llevar a La Antilla en Huelva.
La mejor playa de Andalucía.
[sopla] La brisa ahí, al atardecer, es lo más agradable que hay.
Vas a dormir como un bebé.
Y te vas a olvidar de todos los problemas.
Eso es lo que tenéis que hacer.
[suena piano] [sopla] Promete que te vas a olvidar de todo.
[suena piano] Entiendo que su hija tiene la edad suficiente como para entrar a nuestra academia el curso que viene.
¿Estarían interesados...?
[teléfono] ¿Residencia Suárez Ruiz?
Sí.
Soy Manuela Martín, directora de la academia de señoritas.
[teléfono] Le pido que entienda que, al haber sido mi primer curso, ha habido problemas de ajustes.
Pero creo de corazón que, que no se podría calificar de otra forma que exitoso.
[teléfono] [suena violín] Creo que mi separación no es asunto suyo, si me lo permite.
Sí.
La de los pantalones seguirá con nosotros el año que viene, sí.
[teléfono] ¿Este es el presupuesto que hay para el curso que viene?
La mitad que el de este año.
Como no consiga financiación, voy a tener que declarar la academia en quiebra.
-¿En quiebra?
-Sí.
A mitad de curso se fueron muchas alumnas con lo de las elecciones, luego fue el juicio de Roberta.
Bueno, pero entraron otras nuevas.
Apenas he recibido solicitudes.
¿Y lo del laboratorio?
¿Qué pasa con él?
¿No se podría usar ese dinero para resolver las cuentas?
No, es una donación.
Los padres de Flavia pagan directamente su construcción.
No van a poner el dinero para que luego no se haga.
Sin duda.
¿Has hablado con tu madre?
No.
Quiero intentar resolver esto sola antes que tirar de ella.
Pero igual ella puede interceder, Manuela.
Considero que tengo la suficiente confianza con vosotras como para poder contaros esto tranquilamente.
Por favor, no le comentes nada.
Por supuesto que no.
No va a volver a pasar.
Quiero intentar resolver esto sola, ¿de acuerdo?
[suena música melancólica] Operadora.
Con los juzgados de Sevilla, por favor.
[suena música dramática] [Teresa] Me gustaría que de cara al final de curso, escribieseis una reflexión.
¿Para cuándo?
Para antes de que acabe el curso.
Pero si queréis, no es obligatorio.
¿Y sobre qué?
Pues, sobre vuestro crecimiento personal a lo largo de este último año.
Pero ¿así en general?
Sí.
Bueno, cómo habéis evolucionado, cómo habéis madurado.
También respecto al grupo, a la academia.
¿Qué os pasa?
Pues, que yo reflexiono o respiro, pero de verdad que las dos no puedo.
Es que este calor es insoportable, Teresa.
Recoged vuestras cosas.
Que hoy nos vamos a regalar una clase al aire libre.
¿En serio?
[suena violín] Esperadme que yo también voy.
[Teresa] Les he traído un par de lecturas.
Esta es la autobiografía de Hellen Keller.
Es una historia de superación apasionante.
Imaginaos una mujer que nace ciega y sordomuda y que aprende a comunicarse con las manos.
¿Me lo puedo llevar como lectura de verano?
Claro, por supuesto.
Luego leeremos algún párrafo.
[murmullos] Y también quiero que conozcáis a Mary Wollstonecraft.
Es una escritora y filósofa inglesa del siglo 18.
Y una de las cosas que dice es que ella no desea que las mujeres tengamos poder sobre los hombres, sino sobre nosotras mismas.
Poder sobre mi misma no sé, pero sí he tenido... Bueno, todas hemos tenido que superar algo duro estos meses.
No tanto como la señora ciega esa, pero igualmente.
Pero bueno.
Pero mira.
También habéis tenido el apoyo de todas.
Y es que, para mí, las palabras de Wollstonecraft no solo dicen que tú, tú y tú, Y tú, y tú y tú Y cualquiera de nosotras tengamos poder sobre nosotras mismas y llevemos a cabo nuestra voluntad.
Para mí, también hay algo que habla de las mujeres como grupo.
Keller nos anima a que superemos las adversidades.
Y Wollstonecraft, a que nos apoyemos juntas para conseguirlo.
Sí.
Y yo no hubiese sido capaz de superar lo que me pasó, ni los insultos de la gente, si no llega a ser por vosotras.
Y por las maestras.
Si no os hubiese tenido cerca, y si doña Luisa no hubiese abierto esa puerta, yo no habría salido de mi habitación con la fuerza que tengo ahora.
[ríe] Que sé que no es mucha, pero...
Lo es, lo es.
Bueno.
Pues, ya sabéis que yo siempre he ido muy a mi ir y que a veces me he dejado llevar por la rabia porque nunca he sido capaz de confiar en nadie del todo, pero gracias.
Gracias a todas.
Y a doña Ángela, que también ha tenido mucho que ver en esto.
Eh, por las tutorías personales y todo eso, me refiero.
Ay, tontas, es que os quiero tanto.
[ríen] Y yo sé que todas me queréis a mí.
-Margarita.
-¿Y Flavia?
¿Tú tienes algo que decir?
No.
Yo quiero añadir algo.
Eh, a menudo cuando desde la vida que tenemos, miramos la vida que queremos, es muy normal que sintamos ahí en medio un abismo.
Que tengamos miedo.
Que sintamos vértigo.
Y yo os animo a que saltéis.
Saltad.
Y no os preocupéis, porque si caéis al vacío, las demás habremos tejido una red para sujetaros.
Saltad y tejed la red.
[aplausos y gritos] [suena música alegre] Por favor, que alguien me arranque la piel a tiras.
Yo con morirme me conformo.
Bueno, venga.
Planes fresquitos.
¿Qué vais a hacer en verano?
Yo voy con mis padres a ver unos edificios Titanic de Madrid.
Dicen que parece Manhattan.
Pues, eso tiene fresquito lo que tengo yo de cíngara, eh.
Pues, yo me voy a la playa con mi madre.
Que nos va a venir bien pasar el tiempo juntas.
Yo me iré a mi pueblo a no hacer nada y a comer pipa.
Yo me quedaré en Sevilla porque, con lo de mi hermana, mis padres no quieren hacer nada.
¿Y tú qué vas a hacer, Roberta?
Eh.
Nada.
Supongo que lo de siempre, estar en casa.
Pues, te mereces un buen verano después del añito que has tenido.
Bueno, y a ti no te pregunto tus planes veraniegos porque ya me los sé.
Boda a lo grande, ¿no?
Qué ganas.
Claro.
¿Buscando el fresquito de las plantas?
Estamos todas igual.
Asadas, cansadas y con ganas de terminar.
Y tanto.
Y luego me preguntan que por qué no quiero ser madre.
Bueno, por poder, podrías con todo.
Otra cosa es que quieras.
[suspira] Qué va. Si solo me he tenido que encargar de una cosa y la he arruinado.
Imagínate tener una criatura a mi cargo.
Tienes muchas.
Eso es lo que me decía mi madre para explicarme por qué me tuvo tan tarde.
Pero es diferente.
A ver.
Te encargas de educarlas, de que duerman las horas, de que no salgan cuando no deben, de que estudien.
Estás sobradamente preparada.
Sin embargo, mírame a mí.
¿Tú me imaginas a mí aguantando a una mocosa enganchada a mi cuello el resto de mi vida?
¿Tú has visto lo que has hecho con Roberta?
[suena flauta] Venga.
Vamos.
[campanas iglesia] Y dicen que la diosa Astarté, huyendo de Hércules, que estaba profundamente enamorado de ella, bajó ese puente y se refugio ahí.
En el barrio de Triana.
-¿Y la encontró?
[Ángela] Hola.
Buenas tardes, doña Ángela.
Qué casualidad.
Qué alegría verte con tus hijos.
Mamá, quiero un barquillo.
No he cogido el monedero, cielo.
-Espera.
-No.
No, no, no.
-Por favor, tenemos la casa... -Sí es que no pasa nada.
Les acompaño.
¿Venís conmigo?
Sabía que eras capaz de recuperarles.
Gracias por creer en mí.
Se le da bien los niños.
Sí, siempre quiso tener hermano.
Aunque se tuvo que conformar solo conmigo.
Bueno, su madre le ha dedicado su vida.
Es curioso, ¿no?
Toda esta gente que no conocemos de nada ha decidido por nosotras.
Y a toda esta gente nos terminamos gritando.
Hace tiempo ya.
Un día dimos un paso pa' adelante, pa' después dar 20 pasos pa' atrás.
¿Crees que algún día será normal?
No, no creo.
Incluso a mí me cuesta aceptarlo.
Pero, tú puedes pintar la vida que imaginas.
Así que imagínate cómo te gustaría que fuera, por si acaso, no ocurre nunca.
[suena violín] -¿Nos podemos ir ya?
-Claro.
Bueno, Ángela.
Te veo en las tutorías, supongo.
[suena piano] Adiós.
Vamos, niños.
Mmm, qué ricos los barquillos.
¿Me das un poco?
[suena gramófono] [golpean puerta] ¿Sí?
[Roberta] Hola, soy Roberta.
-Un momento.
[música gramófono] Adelante, Roberta.
Hola.
¿Tienes un minuto?
Quiero hablar contigo.
Sí, claro.
[detiene música] Pero si prefieres, nos damos una vuelta afuera y así nos refrescamos un poquito.
-Sí.
-De acuerdo.
Si en semana santa ya me sentía como si no existiese en mi propia casa, no me quiero imaginar este verano.
Ya, pero ¿qué vas a hacer?
Pues, había pensado que igual nos podríamos ir tú y yo por ahí, de vacaciones.
-¿Cómo?
-Por favor, Teresa.
Seguro que tú tienes un montón de sitios planeados a los que ir, muy interesantes.
Yo quiero ver el mundo, no me quiero quedar Sevilla.
Ya, pero a ver, Roberta.
-Es que... -Teresa.
Para mí has sido como una madre estos meses.
Tú has luchado y has apostado por mí.
Me has demostrado mucho más en un trimestre que mis padres en estos últimos meses.
Por favor, Teresa.
No me quiero quedar todo el verano encerrada en mi casa.
Es que no voy a aguantar.
No voy a aguantar a mi padre sin hablarme y mirándome con esa cara de... Sí por lo menos supiese qué le pasa, pues, podría cambiar mi actitud o hacer algo, o decir.
Pero es que no sé qué le pasa conmigo.
A ver.
Como tú comprenderás, Roberta, lo de irnos juntas de vacaciones no procede.
Pero, se me ocurre que, quizá podría intentar convencer a tus padres para que vayas a estudiar afuera en verano, por ejemplo.
Y desde la academia podemos buscar algún curso que te guste.
No sé, ¿qué te parece?
¿De verdad?
Por intentarlo, ¿no?
De acuerdo.
Aunque bueno, ya sabes que no va a ser fácil, que mis padres no te aguantan.
Ya lo sé.
¿Y para qué necesita un préstamo?
Para invertir en las necesidades básicas del curso que viene.
Dios mío.
Me miras igual que mi madre.
Con el mismo juicio y con la misma desconfianza.
No.
No, Manuela, perdóname.
No pretendía... Créeme que a mí no me gusta tener que necesitarte para tener que pedir un préstamo, Martín.
Me refiero a, a que no me gusta tener que meterte en este lío.
De verdad.
Si quieres, podemos discutirlo cenando esta noche.
Ahora no.
Por favor.
¿Entonces cuándo?
Pues, cuando vea, si lo veo, que lo mejor para los dos es que después de cenar, te quedes a dormir.
Estos últimos días que nos hemos visto han sido maravillosos.
Cómo me apoyaste cuando estaba encerrada en casa o cómo nos miramos cuando nos encontramos en aquella terraza.
Me recordó muchísimo al día en que te conocí.
Cada noche quiero volver contigo y cada mañana me vuelven las dudas.
Ahora mismo solo te haría daño.
Mañana vamos al banco y preguntamos por el préstamo.
-¿En serio?
-Sí, claro.
Y mejor me voy ya, que ya va siendo hora de cenar.
Gracias.
[suena música romántica] [puerta se cierra] ¿Qué?
Que no me voy a casar.
Ni con Enrique ni con nadie.
Pero vamos a ver, Flavia.
Quiero ir a la universidad.
Quiero ser abogada.
Quiero hacer tantas cosas.
¿Y la farmacia de tu familia qué?
Lo siento por todos, pero esta vez soy yo la que decide qué hacer con mi vida.
¿Entonces tampoco te vas a casar conmigo?
Madre mía, que seas tú el que le da más importancia al matrimonio.
Hombre... Si tanto te supone, te regalo un adelanto.
Eso significa que lo harás.
Significa que cuando haya conseguido todo lo que me propongo, me lo pensaré.
Y si te sigo queriendo tanto como ahora, -que no creo.
-Ah.
Estupendo.
Mira, qué bonito.
No creo porque nunca te voy a querer como te quiero ahora, sino muchísimo más.
Bobo.
Que eres un bobo.
Pues, si te soy sincero, es difícil que te quiera más.
¿Qué pasa?
Que es que no me quiero hacer ilusiones pa' que luego me las rompas.
Eso no va a volver a pasar.
Nunca.
[suena música romántica] Me tengo que ir.
Pero mujer, no me dejes así.
Pero que quieres, ¿que le dé un patatús al Cristo?
Venga, hasta mañana.
Oye... anda, ven.
[tocan puerta] [suena piano] Pero ¿quién es?
[Candela] Chicas, soy yo.
Está de broma.
Está de broma, está de broma.
Está de broma.
¿Tú sabes lo que me ha costado dormirme?
¿Me estás escuchando?
¿Y qué ahora yo ahora?
¿Me mato o qué hago?
Venga, hazme un sitio que duermo aquí.
Pero ¿qué?
No.
[suena flauta] Pues, duermo en el suelo.
Si eso está fresquito, ¿no?
Candela Megía Rodas, ¿se puede saber por qué no duermes en tu cuarto?
[resopla] [suena flauta] ¿Estás segura?
[suena música romántica] No quiero que se haga de día.
Si es normal que no nos hayan dado el préstamo.
¿Quién va a confiar en mi gestión el curso que viene?
Bueno, ya encontraremos la forma de conseguir el dinero.
¿Sabes lo peor de todo?
Que no me arrepiento de nada de lo que he hecho.
Repartiría todo tal cual.
-¿Todo?
-Todo.
¿Conmigo también?
El tiempo hace que veas a las personas de otra manera.
¿Y cómo me ves ahora?
-Martín... -Ya, perdóname.
Perdóname, perdóname.
No es ni el momento ni el lugar.
Ni estoy respetando tu espacio, perdóname.
Ya voy yo sola a la academia.
[suena violín] Gracias por todo.
De verdad.
De nada.
[suena música dramática] Este curso, María y Lola han tenido una conducta ejemplar.
Enhorabuena.
Buenos días, Luisa.
¿Perfume nuevo?
Demasiado quizá.
No, huele muy bien.
Y tú... ¿estudiando para septiembre?
[ríe] ¿O vas a empezar a dar geografía el curso que viene?
No, curiosidades.
-Buenos días.
-Buenos días.
Los horarios de las tutorías con los padres.
Eh... Manuela.
¿Puedo llamar a los padres de Roberta?
No van a venir, Teresa.
Ya he lidiado mucho con ellos.
Déjame intentarlo por lo menos.
Pero no hagas ni digas nada fuera de sentido común, ¿de acuerdo?
Parece mentira que todavía no me conozcas.
[ríen] ¿Operadora?
Sí, con el abonado 477, por favor.
Espero.
Sí.
Gracias.
Bueno.
Pues, lo único que me queda hacer como directora es reiterarles el placer que ha sido tener a Flavia como alumna.
Es una pena que, con su expediente, no se pueda quedar con nosotros.
Pero si es lo que ella quiere.
Sí, es lo que ella quiere.
[Ignacio] Ya sabemos que usted no le tiene ningún respeto al matrimonio, pero nuestra hija sí.
Le rogaría que dejara mi vida personal al margen.
Nosotros ya nos vamos.
-No se preocupe, Manuela.
-Muy bien.
Hija, acompáñanos al coche.
Anda.
[suena violín] No me voy a casar.
¿Qué dices, querida?
Que no me voy a casar.
Estoy harta de que me controléis la vida.
Te he dicho que nos acompañes al coche.
-No.
-Vienes ya a casa.
-Susana, suéltela.
-Manténgase a raya.
Toda esta actitud de mi hija es culpa suya.
No es culpa de nadie, señora.
Flavia sabe lo que quiere.
Ignacio, ayúdame a coger a la niña.
Vamos ya a casa.
Solo vas a salir para ir a la iglesia y casarte.
Pero yo quiero despedirme de mis amigas.
Se lo ruego, suéltela.
Por favor.
Mande a alguien a coger las cosas de mi hija.
Y olvídese del laboratorio.
¿Qué haces?
¿No te ha dicho que no hagas nada?
Relájate, ya pensaremos algo.
-¿Que me relaje?
-¿Quién es la lista aquí?
Yo, ¿no?
Pues, cállate y confía.
[suena piano] ¿Que Flavia está de novia con Tomás Peralta?
Pero ¿y Enrique?
Claro, por eso no se quería casar.
Y esto lo sabíais todas.
A ver, Candela y yo mas o menos a la vez.
Y Margarita un poco de rebote.
Perdona, pero me lo contó Flavia muy arrepentida por haberse metido en medio de mi relación con Tomás, eh.
Pero ¿qué relación, Margarita?
La misma que tengo yo con Ramón, ¿no?
-Mira, me tienes harta.
-Ahora no.
Y Tomás ha estado aquí todo este tiempo... Ay, de verdad, eh.
Madre mía.
Candela, no te puedes coger estos sofocos porque Flavia se va a ir mañana sí o sí.
Ya, pero yo quería despedirme bien.
-Un momento, un momento.
-¿Qué?
Vale.
Cuando Flavia me contó lo suyo con Tomás, tremendamente arrepentida por haberse mentido en medio... -Margarita, al grano.
-Bueno.
La cosa es que también dijo que lo sabía doña Manuela.
-¿En serio?
-Pero ¿cuál?
Doña Manuela hija, también lo sabía doña Manuela madre, pero la que nos interesa ahora mismo es doña Manuela hija.
[tocan puerta] Eh, Roberta, han venido tus padres.
No saben la alegría que me da haberles tenido aquí y hablar por fin de Roberta.
Muy bien.
Adiós.
Espero que se convierta en una costumbre.
Vámonos.
A mí me gustaría saludar a Teresa para agradecerle todo lo que ha hecho este año.
Claro que sí.
Por supuesto.
Me esperas con tu padre.
Anda.
Es por aquí.
¿Como que Roberta pase todo el verano fuera de casa?
Bueno, ella ha manifestado que le apetece mucho y creemos que le puede venir muy bien.
Y es que yo conozco una escuela en París donde podría hacer algún curso de moda, que le gusta tanto.
Y desde la academia podríamos conseguirle un alojamiento totalmente fiable.
Perdóneme, pero es que esto es una tontería.
Mi hija tiene que estar conmigo, en su casa, como corresponde.
A ver, María Antonia.
Yo le entiendo perfectamente.
Entiendo que como madre quiera disfrutarla en su casa, pero le vendría muy bien una experiencia que le motive, estudiar lo que le apasiona.
Conocer gente nueva, una ciudad como París.
Ha sido un año difícil para ella.
Por eso tiene que estar en casa con nosotros y nosotros con ella.
Podría haberse implicado así antes, ¿no?
¿Cómo se atreve a decirme eso?
Disculpe.
Jamás me he desentendido de mi hija.
Jamás.
Todo lo que he hecho, lo he hecho por mi familia.
[suena música dramática] ¿Padre?
¿Qué?
¿Me puede decir qué le he hecho?
-¿Eso a qué viene?
-¿De verdad va a hacer como si no supiese de que le estoy hablando?
-Todo está bien.
-No, no lo está.
Roberta, tienes todo el verano para hablar de lo que quieres.
¿Tiene que ser aquí y ahora?
También tenía toda la semana santa y para usted fui poco menos que un fantasma en mi propia casa.
Lo que me gustaría saber es por qué no se ha despegado usted de ella.
Yo solo me implico en mi trabajo y me preocupo por mis alumnas.
De unas más que de otras, me parece a mí.
Eso no es cierto.
Pero ¿qué interés tiene usted en mi hija?
Explíquemelo.
¿Por qué no me mira?
¿Por qué me ignora?
Por qué me dejaste de hablar y me encerraste en esta academia sin darme ninguna explicación, ¿eh?
¿Qué te he hecho?
[suena música dramática] Te avergüenzas de mí, ¿no?
¿Es eso?
Yo solo quiero ayudarla y protegerla.
¿Protegerla de quien, Teresa?
¿Protegerla de mí que soy su madre?
A lo mejor soy yo la que debería protegerla de usted que no se despega de ella ni a sol ni a sombra.
Una desconocida que aparece de la noche a la mañana y que al otro día está en todos los periódicos acusada de asesinato.
Mire, ya es suficiente, María Antonia.
Me es indiferente su ingratitud por la ayuda que le doy a su hija.
Me da igual, lo hago por ella.
Pero lo que no puedo tolerar más es el trato que recibo de usted y de su marido gratuitamente.
Creía que era otro tipo de persona, pero veo que me he equivocado.
Y usted de equivoca conmigo, yo no he matado a nadie.
Porque usted lo dice.
Pero dígame una cosa, Teresa.
¿Usted dejaría a su hija en manos de una posible asesina?
No, ¿verdad?
María Antonia.
[suena música dramática] Ese hombre era mi padre.
¿Se puede hacer una idea de cuál es mi situación?
Soy la primera interesada en saber quien lo hizo y estoy poniendo todo para intentar saberlo.
Y la fuerza que me sobra la gasto en ayudar a su hija y al resto de alumnas.
Discúlpeme, pero no quiero saber nada más.
[suena música dramática] ¿Qué está pasando aquí?
Vámonos.
¿Estás bien, hija?
Madre, ¿ha hablado con Teresa?
Tú te vienes a casa con nosotros, que es con quien tienes que estar.
Va a estar todo bien.
¿Que mande a Tomás a casa de Flavia con sus cosas?
Como le ha pedido su madre que... Pero que mande usted a Tomás, no a Ramón.
¿Y se puede saber por qué queréis que haga eso?
Y, sobre todo, ¿por qué es asunto vuestro?
Doña Manuela, sinceramente, aquí todas sabemos por qué Flavia no quiere casarse.
Porque quiere seguir estudiando.
Sí, eh, pero aparte hay otro motivo.
Candela se refiera a lo otro.
-¿Qué otro?
-Ya sabe.
-Lo otro.
-El otro.
Ya.
La van a encerrar hasta que se case con una persona que no quiere.
Por lo menos que pueda verle y despedirse, ¿no?
¿A vosotras les parece normal?
Decidme, en serio.
¿Os parece normal venir a mi despacho y pedirme que me meta en la vida de Flavia y de su familia, de esta manera?
[suena piano] Igual le parece una chiquillada, pero le han quitado las dos cosas que más le importan.
Y usted siempre ha dicho que tenemos que ver la academia como algo más que el sitio en donde estudiamos.
Con todos los respetos, doña Manuela, Flavia es una de nosotras.
Se merece ser feliz.
[suena piano] [murmullos] Vengo a recoger las cosas de Flavia.
¿Qué está pasando aquí, Candela?
[Paula] Hola.
-Hola.
¿Qué tal las tutorías?
Bien.
Muy bien.
No puedo estar más orgullosa de Macarena.
Ha mejorado mucho.
Supongo que ya no nos vemos.
Que tenga felices vacaciones.
Igualmente.
¿Sabes qué?
Me he imaginado como sería nuestra vida, como me dijiste.
[suena música melancólica] Y que me ha encantao' lo que he visto.
Te echo muchísimo de menos.
Y yo a ti.
Ángela, si... Si no puedo estar contigo, si no... si no puedo besarte, si no puedo tocarte, si no puedo dormir contigo, te pido que me borres de tu vida y que me ayudes a olvidarme de ti.
[suena música dramática] [ladridos] Nos disculpas un momento, Mercedes.
¿Y tus padres?
No están.
Mis amigas quieren que nos fuguemos.
-¿Qué pasa?
¿Que no quieres?
-Sí, Flavia.
Si tú sabes que yo contigo, hasta el fin del mundo.
Pues, no pareces muy convencido.
Ya.
Es que es lo que venía pensando de camino hacia acá.
¿Que donde vamos a ir?
A donde sea.
Ya, ¿y de qué vamos a vivir?
Pues, de tus fotos.
Seguro que acabas trabajando en el periódico.
Vámonos a Londres, ahí están los mejores.
¿Y tus estudios?
Puedo seguir estudiando allí.
Ya, pero yo no te puedo pagar los estudios en Londres.
¿Quién dice que me los tengas que pagar tú?
Puedo trabajar vendiendo flores en Covent Garden si hace falta.
Esa no es la vida que yo quiero para ti.
Me da igual.
Yo elijo la vida que quiero y es esta.
Flavia, esta no es la vida que tú quieres.
Esta es la vida que te queda.
Te espero mañana en las magnolias frente a mi casa.
-Flavia... -Aprovecha todo el trajín de las despedidas, coge uno de los camiones de la academia y nos escapamos con él.
[suena música romántica] Vete ya.
Te quiero.
Y yo.
Flavia... Quiero que sepas que pase lo que pase, tú eres lo más bonito que me ha pasado en la vida.
Y que te doy las gracias.
Que te las volvería a dar un millón de veces, por aparecer, por elegirme.
Por enseñarme todo lo que soy capaz de amar.
[suena violín] Gracias a ti siempre.
Vaya por delante que sé perfectamente la urticaria que te está produciendo ahora mismo tener que pedirme ayuda.
Madre, por favor.
Pensaba que nos íbamos a dar otra oportunidad.
Y nos la estamos dando, hija.
Nos la estamos dando.
¿De cuánto dinero se trata?
¿Podemos tomarnos antes tranquilamente el licor?
¿Te vas a andar con remilgos ahora conmigo?
Muy bien.
A ver.
Antes de nada, me gustaría contarle lo que quiero hacer con la academia el curso que viene.
¿Quemarla?
Porque es lo único que te falta.
Me puedes vender todo el humo que quieras, pero ya tenemos un curso entero enfrente para valorar en qué punto estamos.
Hace un año podía haberme creído todos tus proyectos, tus planes, tus ilusiones, pero ya no.
Lo lógico sería que te apartaras de la dirección.
Eso lo sabes tú, lo sé yo y lo sabe el sacristán de Santa Ana.
¿Qué tal?
¿Cómo estáis?
-Hola, padre.
-Hola, hija.
¿Todo bien?
Sí.
No sabéis la alegría que me da veros hablar como antes.
Así que qué más voy a hacer yo que no interrumpir.
Te espero abajo y no tengas ninguna prisa.
En seguida voy.
Como tú bien dices, se trata de darnos una oportunidad entre nosotras.
Para que veas que yo pongo de mi parte, aquí tienes un cheque.
Pon la cantidad que necesites.
Está firmado ya por tu padre y por mí.
Gracias, madre.
Y ahora, te voy a pedir que tú también hagas algo por mí.
[Margarita] ¿Se puede saber qué haces?
Estoy escribiendo la reflexión que nos pidió Teresa.
Hija, era voluntario.
Ni yo lo he hecho.
Ya, pero ella me enseñó que poner las cosas por escrito te ayuda a sacar lo que sientes.
¿Y todo esto qué?
¿También te lo llevará Tomás al domicilio?
Que ahora lo recojo.
Qué pesada.
¿Tú crees que lo hará?
¿Qué y quienes?
Flavia y Tomás.
Pues, ojalá.
Pues, sí.
[Suena música dramática] Te dedico esta reflexión sobre el curso a ti, Teresa.
No se me ocurre cómo pude ayudar yo a otras.
Todas las maestras insistís en que dar el paso de denunciar a Rafita sirvió para ello.
Y ojalá sea así.
Pero de lo que quiero hablarte es de cómo me has ayudado tú a mí.
Porque tu llegada a puesto mi mundo y el de todas patas abajo, y después de nuevo patas arriba.
Patas arriba, de pie y firmes.
[al unísono] Buenos días.
Seguras de nosotras mismas.
Cada día me levanto intentando aplicar tus consejos de este curso.
Huyendo solo le estamos dando la razón a los que nos hacen daño.
La gente nunca te va a juzgar por lo que eres, sino por lo que creen que eres.
Tenemos que hacernos oír y tomar nuestras propias decisiones.
Gracias por venir de la nada y acabar en Sevilla, en la academia.
A veces la vida te regala estas maravillosas casualidades.
[suena música dramática] -¿Teresa?
-¿Luisa?
-Buenas noches.
-Hola.
¿No puedes dormir?
Tengo mucha calor.
¿Quieres bajar a ver si en el patio corre un poquito el fresco?
Ajá.
Me parece muy buena idea.
Cuéntame algo de ti.
¿Ahora?
¿Hoy?
¿Y por qué no?
Bueno, porque has tenido todo el curso para interesarte un poquito por mi vida.
Bueno, hay algunas cosas que te visto, otras que te he oído.
Y algunas que me figuro.
Ah, ¿sí?
Mmm.
¿Y cuáles son?
Tu particular forma de entender las relaciones interpersonales dentro del entorno laboral.
¿Y de qué hablas?
¿De ti y de mí?
No.
De ti y de Ramón.
[ríen] Llevo mucho tiempo atando jovencitas revolucionadas en corto.
Dame un poquito de crédito, anda.
Eh, ¿qué otros aspectos te interesan de mí?
¿Cómo es valerse por si misma sin depender de nadie?
Esos viajes que nos cuentas que haces atravesando medio mundo sin nadie que te acompañe, nadie con quien compartirlo.
Bueno, tiene sus cosas, pero es una experiencia maravillosa.
Seguro.
Pero yo creo que la mujer no está hecha para andar sola por la vida.
Esos son cuentos chinos que nos han metido en la cabeza desde el versículo de la costilla.
[ríen] En verdad, estar sola te da mucho tiempo para reflexionar, para estar contacto contigo misma, para concerté mejor.
Igual eso es lo que me da miedo.
Eh... ¿Estás pensando irte sola a algún sitio o qué?
¿Por qué no?
[suena música alegre] [murmullos] [suena piano] "Fiesta de la embajada española en Lisboa".
[suena música alegre] [pasos] ¿Estabas dentro de mi cuarto?
No, no, no.
He llamado, pero como no contestabas, me he asomado.
Pero no he entrado.
¿Y qué querías?
Darte esto, ¿Qué es esto?
Son las reflexiones que nos pediste para final de curso.
Bueno, eh, eran voluntarias, pero he decidido hacerlas porque como tú dices que cuando escribimos en un papel, entendemos mejor nuestros sentimientos, pues, lo he hecho.
Me alegro de que lo hayas hecho.
Buenas noches, Teresa.
Que descanses.
[grillos grillan] [teléfono] Buenos días.
¿Operadora?
Gracias.
Qué buena pinta tiene todo.
No es la cena que me esperaba, pero me conformaré.
¿Qué más dará si es una cena o un desayuno, Martín?
Bueno, porque esperaba que después de cenar, como tu dijiste, me dejaras pasar la noche aquí contigo.
Esta noche, si quieres, puedes dormir aquí.
Y puedes traer tus cosas.
¿Estás segura?
Lo digo por lo que me dijiste, lo de, de tus miedos y tus dudas.
Bueno.
Es por la mañana y todavía no me han venido.
¿De verdad?
[suena piano] De verdad.
Estoy segura.
[suena flauta] [Ramón] Te han dejado esto en recepción.
¿De quién es?
No sé, pero estaba bien puesto en conserjería pa' que se viera, eh.
Gracias, señor cotilla.
Y dale con que soy cotilla.
Qué manía, eh.
Al final me van a quitar las ganas de llevarte a la Antilla este verano, ya verás.
[suena piano] [María Antonia] Querida Teresa, no me saco de la cabeza lo que me dijo.
Necesito saber más.
Le ruego que nos encontremos antes de que mi marido vaya a buscar a mi hija.
¿Nadie ha visto a Teresa?
Se está retrasando mucho.
Incluso más de lo que nos tiene acostumbradas.
¿Qué hacemos?
¿Empezamos sin ella o es que...?
Qué le vamos a hacer, ¿no?
[suspira] Parece que fue ayer cuando me dirigía a vosotras por primera vez.
Manuela, ¿me permite un momento?
Claro.
Es que quería deciros una cosa y como es el último claustro, lo lógico es que lo cierres tú.
Así que, si te parece, me adelanto y os lo cuento ahora.
Claro que sí.
Muy bien.
Eh, bueno.
Sin lugar a duda, este ha sido un año, como decirlo.
¿Cómo lo definiría?
-¿Intenso?
-Intenso.
Y convulso, a mi parecer.
Todas sabéis que yo me siento muy unida a esta academia desde el principio.
Aquí empecé mi andadura como maestra y he sido testigo de su evolución hasta convertirse en lo que es hoy.
La academia de señoritas de Sevilla es un claro referente de un tipo de disciplina y de educación.
Es un hecho que, durante este curso, se ha producido una transformación.
Como en todas nosotras.
Y aunque en un principio me costó mucho aceptar, he llegado a la conclusión se que es necesario avanzar.
Pero no sé si aun yo estoy preparada.
Puede que mi punto de vista haya quedado atrás o puede que estos cambios han sido demasiado rápidos para mí.
No sé cuál es la razón exacta.
Lo que sé es que ahora me toca reflexionar.
Y lo haré sola.
Porque como me dijo una mujer, muy interesante y tremendamente impuntual, así nos conocemos mejor.
Por eso lo haré sola.
Y tomaré una decisión muy meditada sobre mi continuidad en esta academia.
Luisa... Eso es todo.
Gracias a toda y a ti en especial, Manuela.
Prosigue.
[suena violín] [suena piano] [murmullos] [suena violín] ¿María Jesús?
Ay, doña Luisa.
Perdone.
-La maleta, que me ha vencido.
-¿Estás bien?
Sí, sí.
Perfectamente, sí.
¿Cómo te encuentras?
Bien, doña Luisa.
Bien.
Eres muy valiente, lo sabes, ¿verdad?
Eso dígaselo a mi maleta.
[ríen] Te van a venir muy bien las vacaciones.
La verdad es que tengo ganas de verano, aunque después siempre eche de menos la academia.
Claro que sí.
Pero necesito... ¿Estar lejos?
Sí.
A todas nos va a venir bien estar lejos de aquí.
-¿Está usted bien?
-Sí.
Sí.
Ven aquí.
[suena piano] Despídete de tus compañeras.
Venga.
Que tenga unas felices vacaciones, doña Luisa.
Y tú también, María Jesús.
Disfruta todo lo que puedas.
Gracias.
-¿Quieres que llame a Ramón?
-No, no.
Por mis santas narices que yo puedo con ella.
Con perdón.
[suena violín] [chirridos pájaros] ¿No vas a cogerlo?
Enrique, que esto no lo hago por el dinero.
Lo hago por Flavia, para que siga en la academia.
-Prométemelo.
-Cuando se case conmigo, ya no dependerá de sus padres, sino de mí.
Flavia nunca va a depender de nadie.
Soy un hombre de palabra, Peralta.
Nunca va a mirar a nadie como te mira a ti.
Pero al menos le ayudaré a ser la mujer que quiere ser.
Eso espero, Enrique.
Porque como le hagas una desgraciada, volveré a por ti.
[suena violín] Quiero que sepas que yo soy el hombre de su vida, ¿bien?
Y cada vez que te diga que te quiere, lo recuerdes.
[suena música dramática] [solloza] [sollozos] Es que... soy una imbécil.
No, cariño mío.
No.
Tú no tienes la culpa de nada.
De Nada.
La culpa la tengo yo por haber permitido que tu padre dejara de hablarte y te alejara de nosotros.
[suena música dramática] Teresa.
¿Qué haces aquí?
Le di una nota que le dejaron y yo no la he vuelto a ver.
¿Dónde puede estar?
Mira, vamos a buscarla.
Acabamos antes.
Yo voy a su habitación.
-Yo voy para allá.
-Yo a la sala pequeña.
[suena música dramática] ¿Teresa?
[suena violín] "Doña Ángela es una desviada y lo va a saber toda Sevilla".
[suena música dramática] No aparece Teresa por ningún lado.
Se habrá ido a uno de sus viajes.
Madre... Hija, quiero que sepas que pase lo que pase el curso que viene, me siento muy orgulloso de todo lo que has conseguido en este y de todo lo que has enseñado.
Y no solo a las alumnas.
Te puedes ir con la cabeza bien alta, hija.
Gracias, padre.
[suena piano] [suena música dramática] Lo hiciste tú, ¿verdad?
Sí.
Yo lo maté.
Pero alguien me pagó para hacerlo.
¿Quieres saber la verdad, Teresa?
¿Quieres saber la verdad?
Tu padre y María Antonia fueron amantes de hace muchos años y han tenido una hija.
Todos alguna vez en la vida confiamos en alguien que no deberíamos.
Y tú lo hiciste porque te sentiste sola y yo te juro que eso no va a volver a pasar.
¿Tú me oyes?
Yo soy tu madre, Roberta, y te quiero más que a nada en el mundo.
Nadie te va a querer nunca como te quiere tu madre.
¿No me oyes?
Pero tu padre se acabo hartando de que María Antonia no lo dejara presentarse a Roberta como su padre.
Y él juro que haría lo que hiciera falta para tenerla cerca de él.
Pero María Antonia juro que haría lo que hiciera falta para evitarlo.
Primero, le confesó todo a su marido y después... me contrató a mí.
Por eso quiere que te mate a ti, porque también querías llevarte a Roberta lejos de ella.
Solo por eso, ¿entiendes?
Lo siento.
Quiero que sepas que no estuvo en mis planes que me acabaras importando tanto.
[suena música dramática] Al final va a ser que sí existen las casualidades.
No puedo matarte.
Hasta pronto, Teresa.
Cuídate.
[truenos] [suena violín] [sollozos] Tere, ¿qué pasó?
¿Dónde estabas?
Teresa Blanco Sánchez.
Queda detenida por el asesinato del embajador don Isidro Quintanilla Gallego.
¿Cómo, cómo, cómo?
Se están equivocando, eh.
¿Qué está pasando?
!¡Suéltela ahora mismo!
Vosotras quietas.
Usted se me calla la boca o se viene detenido.
[suena música dramática] ¿Teresa?
[suena música dramática] [Manuela] Como me dijo una mujer muy interesante, lo que necesita este mundo es que haya mujeres jóvenes, fuertes y determinadas al frente.
[suena música dramática] [Manuela] A partir de ahora, debemos de hacer de nuestras alumnas mujeres que todavía no existan.
[al unísono] Buenos días.
[ríe] Si las mujeres no podemos votar, ¿quién va a defendernos a nosotras?
Pero ¿la política no es solo cosa de hombres?
-¿Por qué?
-No debería serlo, ¿no?
[Teresa] Las mujeres tenemos pleno derecho a disfrutar de nuestra intimidad siempre desde la absoluta libertad.
¿Siempre que tu pareja quiera, tienes que estar dispuesta?
Nunca hagas nada que no desees hacer.
Vuestro cuerpo es solo vuestro y nadie más decide sobre él.
Le vamos a denunciar y lo vamos a hacer juntas.
Si no trabajan, se quejan, y si no lo hacen, también.
Lógicamente, si trabajamos, queremos hacerlo en las mismas condiciones.
[Luisa] ¿Va a comprar el doble que cualquiera de nosotras?
¿Te crees que no me he dado cuenta?
Y aunque pueda parecer una injusticia, es la ley vigente en este país.
Tengo entendido que usted defiende que el divorcio, a veces, es el único camino.
Pero ¿qué dices?
Llegará el día en que ni siquiera tengamos que casarnos para tener una vida.
Tendremos una propia y nos juntaremos con vosotros libremente y por amor.
Me resulta muy curioso que a tu edad no hayas encontrado marido.
No.
Tampoco lo he buscado.
Lo masculino y lo femenino, a veces, no se ajusta con la realidad.
MA-CHO-RRA.
[gritos inaudibles] Que te gusten los hombres o las mujeres, no tiene nada que ver con que te maquilles o te dejes de maquillar.
[gritan] [Teresa] Siempre nos han dicho cómo tenemos que sentirnos, cómo tenemos que comportarnos, pero lo peor de todo es que lo hemos aceptado.
Pero ¿por qué tenemos que renunciar a nuestros deseos?
[Manuela] Nuestros ojos deben estar en el futuro y ese futuro solo podemos conseguirlo mediante el cambio.
Para que eso ocurra, vamos a tener que pelearlo.
Porque los derechos no se regalan.
Los derechos se consiguen.
[risas] [suena violín]